Hay infinidad de novelas que tratan sobre casas y sus
jardines, en las que estos dos elementos son protagonistas indiscutibles de la
historia y en las que su trama principal y sus subtramas se relacionan de una
forma u otra con ellos. Ahora me viene a la cabeza Kate Morton, la autora australiana
que en todos y cada uno de sus best-sellers
incluye, sin excepción, una casa y un jardín. Pero hay muchos más ejemplos, el
mejor de los cuales y con diferencia es, para mí, la obra maestra de la genial autora
catalana Mercè Rodoreda, Mirall trencat
(1974).
En este caso, Blanca Busquets también nos presenta un jardín
y una casa, por este orden, en una población ficticia de la meseta central
catalana, la Carena, pero fácilmente reconocible. Desde la actualidad, Aniol,
de 90 años, es el narrador de una historia que empieza en los años treinta,
antes de la Guerra Civil, cuando él es un muchacho enamorado de su vecina,
Mireia, una joven engreída y caprichosa que aspira a mucho más que a quedarse
en el pueblo y que no se resigna a ser considerada la hija de unos payeses. Ella,
se dice a sí misma, se merece mucho más. Y ese futuro soñado se le presenta en
la forma del hijo de los señores de Barcelona, dueños de la mejor casa del
pueblo, cuyo jardín, diseñado según los designios modernistas de las mejores torres de Barcelona de principios de
siglo, es la envidia de propios y extraños. Y así, el pobre y enamorado Aniol
ve como la chica de sus sueños se lanza a los brazos del señorito Emili sin
tener tiempo ni siquiera de abrir la boca, ya sea para protestar, gritar o
llorar.
Los años pasan y ella se convierte en la señora Mireia, que
ahora vive en Barcelona y pasa la Semana Santa y los veranos en su gran casa de
la Carena, cuyos masovers son Aniol y
su mujer, Fina. Y asistimos a una historia de amor platónico en la que Aniol es
incapaz de arrancarse del pecho ese anhelo por su señora, quien lo trata con
condescendencia, desprecio y altivez, pero al que utiliza a su conveniencia
cada vez que necesita algo de él.
Me pregunto qué lleva a las personas a adorar aquello que nos
vilipendia, a perdonar los actos más mezquinos cometidos por las personas que
creemos amar, a justificar la maldad de seres inmorales bajo el argumento
del amor. Por qué nos comportamos como lo que despreciamos cuando creemos que vamos
a lograr lo que ansiamos. Éstas son las preguntas que me he formulado a lo
largo de esta lectura.
Pero a la vez, la autora, a través de la voz de Aniol, nos lleva
de la mano por la historia de nuestros padres y abuelos, individuos que
vieron y vivieron la vida desde un lugar privilegiado: el de las personas que
vencieron el miedo, la dificultad y las penurias con las únicas armas que
tenían: la generosidad, el tesón y la integridad, valores de los que hoy, tristemente, adolecemos.
Acerca de la
autora:
Blanca
Busquets (Barcelona, 1961), es escritora, periodista y filóloga.
La letra
escrita ha marcado su vida. A los doce años escribió su primer cuento, y desde
entonces, escribir se convierte en el eje central de su vida.
Ha publicado
diversas novelas: Presó de neu (Proa, 2003); y, con la editorial Rosa dels
Vents, El jersei (2006), Tren a Puigcerdà (2007), Vés a saber on és el cel
(2009) [A saber dónde está el cielo, 2009], La nevada del cucut [La nevada del
cuco, 2012], La casa del silenci [La casa del silencio, 2013] y Paraules a
mitges (2014). Su última novela, Jardí a l'obaga (2016), vuelve a publicarse en
la editorial Proa. Sus novelas han sido traducidas al castellano, italiano,
alemán, ruso, noruego, polaco y francés.
Como
periodista, trabaja desde 1986 en las emisoras de Catalunya Ràdio y ha realizado
varios programas. También ha trabajado de redactora en TV3 Televisió de
Catalunya durante siete años.

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