miércoles, 31 de agosto de 2016

Corazón tan blanco, Javier Marías


Hace ya bastantes años, tendría yo veintitrés o veinticuatro, una buena amiga me regaló por mi cumpleaños el volumen Mano de sombra de Javier Marías; en él se recogían, según sus propias palabras, “dos años de tareas dominicales que prueban mi nula disposición a santificar las fiestas”. Fue mi primer contacto (literario) con el autor y debo decir que quedé más que gratamente sorprendida.

Luego vinieron otros títulos y nunca, jamás, me defraudó ninguna de sus novelas (aunque sí alguno de sus artículos). Y mi conclusión no es otra que Javier Marías es Javier Marías. Ni más ni menos. Te puede gustar hasta la veneración o le puedes aborrecer hasta lo indecible, pues su estilo es muy particular, nada fácil, profusamente minucioso y profundamente complejo.

Corazón tan blanco (1992), dicen los expertos, con Elide Pittarello al frente de todos ellos, es la obra maestra de Marías, la que supuso su madurez literaria, la que le consagró como autor de culto internacional: de hecho, es uno de los pocos escritores españoles que ha sido incluido en la prestigiosa colección Modern Classics de Penguin. Yo no tengo el criterio suficiente para afirmar si eso es cierto o no, pero sí puedo decir como lectora que es una obra que lo abarca todo y nada. Si tengo que resumir su argumento puede parecer la novela más sosa con la que jamás me haya encontrado, pero Marías, como decía antes, es Javier. Y quien lee Corazón tan blanco no busca tramas trepidantes, giros inesperados, sorpresas que nos corten la respiración, ni héroes ni heroínas que salen adelante en medio de un océano de dificultades, ni epopeyas, ni odiseas modernas. No. Quien lee a Javier Marías encuentra pensamientos, reflexiones de personas como tú y como yo, cuya vida ni siquiera se acerca a lo interesante, a quienes les ocurren cosas de lo más insignificantes o directamente no les ocurre nada. Pero detrás de ese nada, de esa insignificancia, de ese vivir anodino, Marías nos lleva por los caminos del análisis del alma humana, los motivos que nos llevan a actuar de determinada manera, la grandeza y la mezquindad de nuestros actos, la voluntad que hay detrás de cada acción, la elección de los términos a la hora de hablar, los derroteros que puede tomar una existencia por una palabra dicha a destiempo.

Ésta es su grandeza: hacer de la nada, todo.

También es interesante, sobre todo para aquellos anglófilos que, como Javier Marías, veneramos la obra de Shakespeare, mencionar las constantes referencias a la obra del Bardo. Sin ir más lejos, el título de esta novela es parte de uno de los versos de Macbeth, “My hands are of your color, but I shame to wear a heart so white”, pronunciado por Lady Macbeth. De igual manera, la última novela de Marías (para mí, esta vez sí, una obra maestra sin parangón) Así empieza lo malo (2014), es también parte de un diálogo de Hamlet en el que éste le dice a Gertrude “Thus bad begins and worse remains behind”.

Sumergirse en el universo literario de Javier Marías no es sencillo, pero una vez se hace es difícil encontrar autor que proporcione tal hondura en nuestra idiosincrasia, al menos en la mía.

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