Contra el ruido, el silencio.
Contra la ignorancia, los libros. Muchos estaréis de acuerdo en que no hay
mejor manera de evadirse de lo que a uno le rodea que una buena historia. Tal y como
os decía en el último post, iba a reseñar cada uno de los libros que leí este
verano. El primero de la lista es Pandora
al Congo, (2005) del genial Albert Sánchez Piñol. Conocí al autor gracias a
mi amiga Susanna Vilagran, que me regaló hace ya años la primera novela de
Sánchez Piñol. Si ya leísteis La pell
freda, 2002 (La piel fría), sabréis que el catalán es un maestro a la hora
de plasmar sociedades imposibles en las que las relaciones entre seres humanos
y seres indefinidos no hacen más que evidenciar nuestros miedos, anhelos y
sueños. Sánchez Piñol, antropólogo y africanista, aprovecha sus extensos
conocimientos sobre el Congo, país al que viajó en varias ocasiones para
escribir su tesis doctoral, para orquestar una novela que, como un juego de
muñecas rusas, esconde dentro de ella otras historias que desvelarán, a su vez,
una nueva realidad.
El punto de partida de Pandora al
Congo es el Londres del inicio de la Primera Guerra Mundial. Allí, Tommy
Thomson, un joven que trata de ganarse la vida como negro literario y que
malvive en una peculiar pensión regentada por la inefable señora Pinkerton y
habitada por personajes cuanto menos pintorescos, conoce por casualidad al
abogado Edward Norton, que le encarga un trabajo muy singular. El cliente de Norton,
un minero galés llamado Marcus Garvey, está acusado de haber matado a dos
jóvenes hermanos, aristócratas ingleses, a los que acompañó en una expedición
al Congo. Todas las pistas apuntan a que Garvey es culpable, pero Norton,
encargado de su defensa, le pide a Tommy que se entreviste con aquel en la
cárcel para que le explique su versión de los hechos, escriba un libro sobre su
relato y que éste les sirva para exculparlo.
Es aquí donde empieza la
asfixiante narración de estos tres personajes en el Congo; una historia sobre
opresores y oprimidos que no saben que bajo el ardiente suelo del África más
profunda se esconde el terror más absoluto.
Si en La pell freda Albert Sánchez Piñol nos hizo sentir miedo, frío y
desamparo, en Pandora al Congo no
podemos escapar al calor, la asfixia y la claustrofobia.
No dejéis de leer a este autor si
no lo conocéis. Estoy segura de que os sorprenderá su facilidad por hilar
historias sin dejar nada al azar.

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